La vigencia del Peronismo

Compartir en FacebookTwitterCompartir en LinkedInCompartir en Google+

Lo que Karl Marx llamó “Acumulación Originaria del Capital” es lo que explica cómo unos pocos, que se adueñaron de los medios de producción, han incrementado progresivamente su poder, desplazando del mismo a la mayoría de la sociedad, que vive oprimida y sometida a los caprichos de ese poder concentrado que utiliza la clase obrera para producir riqueza que, inequitativamente distribuida entre capital y trabajo, acumula cada vez mayores beneficios para los dueños, al tiempo que genera desdicha para la clase trabajadora.

La mayoría del pueblo es la clase trabajadora, que se ha organizado en sindicatos y gremios para exigir derechos, y procurar liberarse del sometimiento ejercido por los sectores dominantes. Los sectores dominantes han manejado al Poder Judicial y a los Medios de Comunicación para imponer sucesivamente su voluntad, despojando a las mayorías de sus derechos.

Empero, la presión de las sociedades, como resultado de un cúmulo de energía vital y de conciencia un poco más o un poco menos organizada, ha logrado conquistas que fueron mejorando el nivel de vida de millones de personas en el mundo. Por todo esto es que la política debería interesarle a la mayoría del pueblo, porque de no importarle, los sectores dominantes ejercerían su dominio sin ninguna resistencia, y entonces acumularían infinitamente poder y beneficios, postergando al pueblo entero de la participación de toda la riqueza producida entre ambos, es decir, entre capital y trabajo, como sectores complementarios, que se necesitan mutuamente para producir riqueza. Por ello, ¿por qué los dueños quieren quedarse con todo sin compartir ni una mínima parte?

El peronismo es lo que representa los intereses de las mayorías, es la fuerza de la clase trabajadora y de las mayorías nacionales.

Pues bien, es una obviedad que el Peronismo es consecuencia de Perón. El Peronismo existe porque estuvo Juan Domingo Perón. Entonces, si el Peronismo viene de Perón, encontremos en Perón los valores del Peronismo. Si bien es cierto que es muy difícil resumir cuestiones tan complejas en un breve escrito, el autor del mismo se propone exponer su esencia, para que el lector pueda comprender qué es el Peronismo, y descubrir quiénes se disfrazan de peronistas cuando no lo son, sólo para conseguir el manejo del poder, contra los genuinos intereses del Peronismo.

La intención que pretende tener este escrito es que, conociendo la historia posterior a Perón, se resalte aún más la visión que tuvo Juan Domingo Perón. Cuando Juan Domingo Perón asume la presidencia en 1946, advierte que hay casi un millón de desocupados en un país en el cual está todo por hacerse. Para resolver éste problema, diseña con su equipo económico un conjunto de 76.000 obras que constituirían el Primer Plan Quinquenal, para ocupar a esas aproximadamente 800.000 personas y poner en marcha el país. Pero reconoce que no había dinero suficiente, “no hay combustible” para activar eso. Y explica las razones, que son, en palabras de Perón, como sigue, detallando las características de nuestro país antes de su gobierno.

El país no tenía reservas financieras, y pagaba todos los años los intereses de las deudas externas contraídas por los gobiernos anteriores desde 1824. Las importaciones no estaban controladas y “se importaban hasta los alfileres que usaban las modistas”. Las consecuencias son dos, una es que al importarse todo, aquí en nuestro país no se producía nada, con lo cual no se generaba ni industria ni trabajo. La otra consecuencia es el déficit financiero resultante de pagar bienes elaborados en otros países, involucrando mucha plata generada por trabajo argentino, que se va del país para pagarle a la industria y el trabajo de países extranjeros. Las empresas de servicios, así como los ferrocarriles, eran de capital extranjero, mayormente británico, y tenían libertad para retirar dinero cuantas veces se lo propusieran, sin control del Estado. Y más cuestiones que se añaden al explicar la obra del gobierno peronista.

Veamos qué es Peronismo entonces, a través de comprender qué hizo Perón cuando fue presidente, cómo resolvió aquellos problemas, y cómo se consiguió una mejora en el nivel de vida de la mayoría del pueblo, que es la clase trabajadora, cosa que está bien resumida en un párrafo extraído de su obra, que dice que “Es impostergable expandir el consumo esencial de las familias de menor ingreso, atendiendo sus futuras necesidades con sentido social y sin formas superfluas. Esta es la verdadera base que integra la demanda nacional, la cual es el motor esencial del desarrollo económico”. Como puede venírsele a la cabeza al lector, muy parecido a las frases de Cristina Fernández, cuando hablaba de que en un mundo que se cae, la forma de seguir creciendo y generando empleo es estimulando el mercado interno, cosa que se consigue aumentando el poder adquisitivo de la clase trabajadora y los sectores más vulnerables.

Antes de ser presidente, y a cargo de la Secretaría de Trabajo y Previsión – hoy Ministerio de Trabajo – desde 1943, Juan Domingo Perón otorga beneficios y mejoras para la clase trabajadora. Se consigue la jornada laboral limitada a ocho horas, las vacaciones pagas, el sueldo anual complementario (sac o aguinaldo), desarrollando la Legislación Laboral mas avanzada del mundo para ese momento. Todo esto significó una apreciable mejora en el nivel de vida de la clase trabajadora, al tiempo que eso precisamente molestó a los sectores concentrados de la economía, que no quieren compartir ni un poquito de la riqueza que generan producto del trabajo de las mayorías. Acá es donde efectivamente comienza el Peronismo y, lamentablemente, también el Antiperonismo.

En 1946 se establece en un Decreto Ley la Nacionalización del Banco Central y los depósitos bancarios. Esto es para que el caudal constante de ahorro del pueblo argentino, que tiene los mismos depositados en las instituciones financieras, en vez de servir para engordar las cuantiosas ganancias de la Banca Multinacional, sea ahora utilizado por el Estado, es decir el pueblo argentino, para ser dirigido a tres canales de producción y distribución. El Ministerio de Obras Públicas, para financiar las obras de infraestructura que el país necesitaba, El Banco de Desarrollo Industrial para levantar industria, y el Banco Hipotecario Nacional, para construir viviendas.

Se Controlaron las Importaciones para impulsar y proteger la producción de nuestro país, incentivando el desarrollo industrial y generando trabajo, además de reducir las pérdidas anuales producidas por el pago de importaciones. En rigor de verdad, los continuos déficits comerciales de un país que importaba más que lo que exportaba, se transformaron en superávits comerciales, ya que las exportaciones comenzaron a superar a las importaciones, generando un ingreso neto de divisas al país, lo que vale decir, la cantidad de dinero que entra al país es mayor que la que sale. Entonces, se consiguió pagar la Deuda Externa, y con eso se terminó con el pago de intereses, que no son otra cosa que una pérdida, desde el punto de vista económico, social, contable y político.

También se Nacionalizaron las empresas de Servicios – Electricidad, Teléfonos, Gas y Agua Potable – y los Ferrocarriles. Así, en vez de que empresas extranjeras nos succionen retirando supuestas ganancias, aún invirtiendo menos que lo que deberían, ahora se pasó a tener empresas modelo del Estado Nacional. Por un lado, los servicios mejoraron y, por otro, todo el dinero generado queda dentro de nuestro país.

Se creó el IAPI – Instituto Argentino de Promoción del Intercambio – que consistía en que el Estado acopie toda la producción regional, pagándole a los pequeños productores un precio justo, distribuyendo al comercio interior a precios razonables, y quedándose con el excedente producido por las exportaciones primarias, que le corresponden a todo el pueblo argentino, y no a siete u ocho empresas exportadoras, como ahora en 2016/2017. Ese excedente, fue utilizado por el Estado para pagar salarios altos, industrializar al país, generar desarrollo, construir Centrales de Energía Atómica, armar una Marina Mercante Nacional y una flota aérea de alto reconocimiento en el mundo. Se dictaron leyes para el pueblo, se dictó una Constitución Nacional en 1949, La Universidad comenzó a ser Pública, Libre y Gratuita, se dictó la Ley de Convenios Colectivos de Trabajo, conocida como Paritarias, para que todos los años los sindicatos negocien con las patronales un incremento salarial justo. Todo sin deuda externa, con pleno empleo y con salarios y remuneraciones justas, en un país que había impulsado fuertemente su desarrollo.

A partir del Golpe de Estado de 1955, en el que se derroca a Perón, se aplica un modelo económico antagónico, especialmente a partir del 24 de marzo de 1976. Se vuelve al endeudamiento, se abren las importaciones, que sabemos destruyen la industria y el empleo argentino, además de lastimar financieramente al país, se eliminó la constitución de 1949, se desarmó el IAPI, se derogaron enormidad de leyes, se liberó el mercado de divisas para que el poder concentrado internacional extraiga todo lo que desee sin límites. Además, durante el gobierno de Menem se volvieron a privatizar las empresas de servicios del Estado, y con Cavallo al mando del Ministerio de Economía se eliminaron las Retenciones a las Exportaciones – las retenciones eran un mecanismo del Estado, como lo había sido el IAPI creado por Perón, para utilizar el excedente proveniente de las exportaciones agropecuarias, y direccionar esos recursos hacia la industrialización generadora de empleo y a la distribución de ingresos –. La deuda externa creció exponencialmente y el país se desindustrializó y se extranjerizó en una escala casi irreversible. Así se llegó a fines del 2001 con el país quebrado y su población sumergida en una desesperanza que parecía irreversible.

Pero el 25 de mayo del 2003, asume la presidencia Néstor Kirchner, quien enuncia que “Sabemos que el mercado organiza económicamente pero no articula socialmente. Debemos hacer que el Estado ponga igualdad, allí donde el mercado excluye y abandona. Es el Estado el que debe actuar como el gran reparador de las desigualdades sociales en un trabajo permanente de inclusión (…) No vamos a pagar la deuda externa con el hambre de los argentinos…”

Durante el período kirchnerista, se volvieron a controlar las importaciones y se recomenzó el proceso de industrialización, complementando esta generación de empleo con la reactivación de la Central de Energía Atómica “Atucha I”, y con la construcción de dos nuevas Centrales de Energía Atómica. Se volvió a utilizar el excedente de las exportaciones primarias a través de las Retenciones a las Exportaciones para financiar todo lo vinculado al desarrollo industrial y a la distribución del ingreso, conociendo que Argentina produce alimento para casi 500 millones de personas y considerando que habitan nuestro suelo solo 44 millones. Y se incrementó el poder adquisitivo de la clase trabajadora, volviendo a utilizar la Ley de Convenios Colectivos de Trabajo, o Paritarias, que todos los años subió los salarios más que los precios – inflación –. Se Nacionalizaron empresas de servicios estratégicas para el país, como la Planta Potabilizadora de Aguas, Aerolíneas Argentinas, YPF, el Gas, los Ferrocarriles y el Correo. Además, se volvió a desendeudar al país, desde el 166% de deuda externa que tenía en el 2003, a menos del 12% (en moneda extranjera) de la riqueza que produce el país en un año (PBI) al cierre del 2015.

Perón siempre contaba: “Yo tenía un perro que se llamaba León y yo lo llamaba…León, León, y León venía, pero yo sabía que no era un león, era un perro!
Lo mismo pasa con algunos que se llaman peronistas y vienen, pero yo sé que no son peronistas…”

¡Es una cuestión de valores!