Mensaje 4: Comenzar por la base (2)

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Tal como adelanté en la primera parte de esta nota, alinearnos con el poder de turno, el anglosajón-israelí, para supuestamente “no caernos del mundo”, es reducir toda nuestra estrategia o política internacional a dos objetivos tramposos:

La lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, pero sólo contra los que no maneja y protege la DEA y vuelcan sus dólares en el agujero negro de Wall Street.

El terrorismo internacional, pero sin hurgar mucho en el caso AMIA y en  el similar de la Embajada israelí (justamente el terrorismo que hemos sufrido y aún sufrimos nosotros) porque muy probablemente descubriríamos que, al final, aparecen  las inconfundibles huellas de la CIA-Mossad-Shin Beth y sus agentes topos locales.

En otras palabras, para “no caernos del mundo” anglosajón-israelí, debemos seguir en el infierno creado por el lobby anglosajón-israelí con los atentados a la AMIA y la Embajada.Y lo que es seguramente más grave, para “no caernos del mundo”, nos exigen abandonar toda estrategia nacional que nos permita ingresar a él dignamente, y atar nuestra suerte a los designios de un verdadero imperio, cuyos designios expansionistas lo llevan a asfixiar cualquier plan de grandeza nacional en su patio trasero.

Por lo contrario, la realidad muestra que, si la Argentina desea realmente ocupar un lugar digno y razonable en el mundo que está naciendo, el lugar que se merece por su historia, el que le indica la vocación de grandeza de su pueblo, indispensablemente debe plantearse una estrategia geopolítica y una política internacional de gran nación.

Dado su tamaño, su clima templado y la diversidad y cuantía de sus recursos, es muy notoria la influencia que ejercerá el territorio sobre la política a adoptar en nuestro caso. En otras palabras, debemos trazar una estrategia geopolítica adecuada.

Es bueno considerar que poseemos 2.800.000 km2 de territorio continental e insular, a los que se suman, desde 2016, nuestros derechos de soberanía sobre los recursos del lecho y subsuelo en más de 1.782.000 km2 de plataforma continental argentina más allá de las 200 millas marinas, más los aproximadamente 4.799.000 km2 comprendidos entre las líneas de base y las 200 millas marinas, que son de explotación económica exclusiva de nuestro país.

Las cifras son elocuentes, así como la imperiosa necesidad de controlar, poblar en su caso y aprovechar y explotar racionalmente ese inmenso territorio nacional.

En ello nos jugamos el futuro.

Los mapas que siguen, preparados por la Comisión Nacional del Límite Exterior de la Plataforma Continental-COPLA, muestran la magnitud de lo que tenemos en nuestras manos.

La misma realidad determina las dos grandes zonas hacia las que debemos dirigir nuestra atención y extender nuestra presencia e influencia, para lograr una adecuada estrategia geopolítica de gran nación:

  1. La Cuenca del Plata-Acuífero Guaraní, verdadero pivote de la integración y desarrollo de Sudamérica, y uno de los polos de mayor porvenir en el mundo.
  2. La Patagonia-Atlántico Sur-Islas Malvinas-Georgias-Sandwich-Pasaje de Drake-Antártida, la única gran región aún no integralmente explotada del planeta, y sobre la cual tenemos legítimos derechos.

Ambos objetivos geopolíticos nos llevan a formular una política exterior que contemple:

  • a) La transformación del Mercosur en una auténtica comunidad de naciones, unidas por una cultura común. Reformularlo y darle nuevo impulso para que abarque toda Sudamérica, dotándolo de objetivos políticos que superen su condición de mero acuerdo aduanero, demasiado volcado hoy al servicio de las grandes corporaciones transnacionales.
  • b) Reformulación e impulso del UNASUR, que en la actualidad es un organismo sólo simbólico.
  • c) Elaboración e impulso de alianzas estratégicas bilaterales o subregionales con:
    • c-1) Chile, para la defensa de nuestros comunes derechos sobre la Antártida y el aprovechamiento de sus ingentes recursos (al respecto, se debe retomar el camino de realizar expediciones conjuntas chileno-argentinas a la Antártida, iniciado en 1942/43), así como para ejercer el debido control sobre el pasaje de Drake y lograr una presencia comercial importante de la Argentina en el Océano Pacífico.
    • c-2) Bolivia, sobre todo para el aprovechamiento integral del río Bermejo y la adopción de una estrategia común para la explotación del petróleo y el gas. Intermediar con Chile y Perú para lograr una salida de Bolivia al Pacífico.
    • c-3) Colombia, Perú y Ecuador, para integrarlos al Mercosur y lograr una presencia comercial importante de la Argentina en el Océano Pacífico. En los tres casos mencionados, el objetivo general debe ser ampliar y fortalecer la alianza surgida de la Cuenca del Plata, y contrarrestar el intento norteamericano de capturarnos definitivamente en su órbita.
    • c-4) Sudáfrica y Angola, para un mayor intercambio comercial y cultural, que conduzca a una estrategia común en el sector del Océano Atlántico que une ambas costas.
  • d) Estudio e impulso de las obras de infraestructura regionales que unan físicamente a la Cuenca del Plata y a toda Sudamérica.
  • e) Rechazo de la incorporación de nuestro país al llamado Pacto Transpacífico, sucesor mal disimulado de la nonata ALCA.
  • f) Firme oposición a la instalación en el territorio nacional de bases militares extranjeras de cualquier tipo, y con cualquier finalidad declarada.