Mensaje 5: Comenzar por la base (3)

Compartir en FacebookTwitterCompartir en LinkedInCompartir en Google+

En el mensaje anterior -el Nº 4– expuse y analicé la estrategia geopolítica que nos indica la realidad para las próximas décadas, así como la política internacional o regional que de ella se desprende objetivamente.

Tales proyectos, que marcan nuestra actitud fronteras afuera, deben ir acompañados de una estrategia también de gran nación fronteras adentro. Y al pensar en una política interna se repite la necesidad de partir de un hecho incontrastable: nuestro inmenso y rico territorio nacional.

Esa realidad es la que aconseja un plan que contemple, entre otros puntos básicos, los siguientes:

  1. Elaboración e impulso de un programa de largo plazo para poblar y aprovechar integral y armoniosamente todo el territorio nacional, con especial énfasis en la región de los lagos cordilleranos de la Patagonia, en su costa atlántica, y en las otras áreas o zonas de frontera geopolíticamente sensibles. Al respecto, es necesario prestar especial atención al desarrollo de las 5 cuencas fluviales que atraviesan la Patagonia de Este a Oeste y desembocan en el Océano Atlántico: la de los ríos Colorado, Negro, Chubut, Santa Cruz y Deseado.
  2. Aprovechamiento integral de las riquezas de la plataforma continental argentina, cuyos nuevos límites exteriores fueron reconocidos en 2016 por la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR).
  3. Elaboración de un plan de poblamiento y desarrollo integral y armónico de todo el territorio nacional.
  4. Elaboración e impulso de un plan de grandes obras de infraestructura nacional que posibiliten el citado poblamiento y desarrollo integral y armónico de nuestro país.
  5. Elaboración e impulso de una ley de migraciones que regule y planifique el ingreso y arraigo de migrantes, y los oriente hacia las zonas y los proyectos de desarrollo señaladas como prioritarias por el Estado Nacional en acuerdo con las provincias.
  6. Elaboración e impulso de una política de Defensa Nacional, y de una doctrina militar que contemplen los objetivos estratégicos mencionados y las reales hipótesis de conflictos actuales.

Sobre el particular, es necesario insistir en que los seis grandes conflictos de envergadura y trascendencia estratégica que amenazan desde hace años a la Argentina, son:

  • la deuda externa, con el acoso de los fondos buitres incluido,
  • el narcotráfico,
  • el atentado contra la Embajada de Israel y su falsa investigación,
  • el atentado contra el edificio de la Amia y su también falsa investigación,
  • la ocupación militar de nuestras Islas Malvinas y la pretensión de extender esa dominación o esa ocupación hasta la Antártida,
  • los evidentes movimientos de acoso y masivas compras de tierras por parte de ciudadanos anglosajones e israelíes en la Patagonia y en la zona del acuífero Guaraní, con el agregado de una larga campaña de visitas “turísticas” a la Patagonia por grupos de militares israelíes camuflados como mochileros.

En la actualidad, hay que agregar una séptima hipótesis de conflicto: la instalación de bases militares extranjeras en nuestro territorio:

  • Dos norteamericanas (una en Puerto Iguazú, Misiones; y otra en Ushuaia, Tierra del Fuego) que, no por casualidad, controlarán nada menos que la Cuenca del Plata-Acuífero Guaraní y el Atlántico Sur-Antártida.
  • Una china, en Neuquén.

Debe tenerse presente, también, que esos siete conflictos tienen su origen en los planes de hegemonía de la alianza anglosajona-israelí-financiera, salvo la excepción de la base China en Neuquén.

Los otros polos de poder, si bien han hecho intentos y han avanzado en algunos terrenos (en forma especial Europa desde siempre y, últimamente, China) no tienen por ahora ni posibilidades ni planes a la vista para ejercer un dominio como el que poseen los poderes del polo anglosajón-israelí-financiero. De todos modos, nuestra posición de independencia frente a las superpotencias es válida para todas por igual.

Lo dicho hasta acá se refiere sólo a las medidas de política interior que deben acompañar a la estrategia geopolítica que postulamos. Quedan para otra oportunidad las políticas que son indispensables en el terreno de la educación, la salud, la ciencia y tecnología, la cultura, etc.

Si bien se mira esta particular situación, una estrategia global para enfrentar debidamente a dichas siete grandes hipótesis de conflicto, no sólo constituye un objetivo deseable, sino también indispensable para nuestro país, si pretendemos conservar, al menos medianamente, nuestra soberanía e independencia.

Porque nos guste o no, no hay términos medios: o se las encara decidida y debidamente, o la Argentina –tarde o temprano- sufrirá momentos muy dolorosos y pérdidas y retrocesos insanables, aún en lo territorial.

Las grandes potencias del siglo XXI serán implacables en ese terreno.

Por donde cobra nuevo e insoslayable sentido la máxima sanmartiniana “Serás lo que debes ser, o no serás nada”, o seremos una gran nación, o no seremos nada. Nada importante, al menos.

Insisto, no hay términos medios, pero sí hay formas y formas de hacerlo: irresponsable e improvisadamente, con movimientos espasmódicos cada vez que la coyuntura nos apura, o previsora y organizadamente, con un plan estratégico racionalmente estudiado y prudentemente aplicado.

En 1945, Perón enfrentó nada menos que a los tres vencedores de la Segunda Guerra: EE. UU., Gran Bretaña y la URSS. Pero lo hizo con mucha prudencia y una inteligente estrategia: firmó 32 tratados binacionales de intercambio comercial por fuera del área del dólar, usando sólo la moneda de cada país contratante. Esos tratados bilaterales nos libraron, de paso, de la tiranía del FMI, y luego de las políticas abortistas y genocidas financiadas por el Banco Mundial y ciertas fundaciones que son simples empresas presta-nombre, o de tapadera, de la CIA y el Departamento de Estado.

En dicha tarea, Perón contó con la valiosa colaboración del Dr. Juan Atilio Bramuglia, el mejor canciller de nuestra historia.

Tuvimos otros buenos cancilleres, pero ninguno debió sortear el acoso imperial con la dureza que le imprimió EE. UU. en la segunda postguerra. Bramuglia lo hizo, y lo hizo con seriedad y solvencia profesional.

No es poca cosa.

A su vez, Perón supo recibir con todos los honores, y respetuosa y amablemente, al hermano del presidente Eisenhower, mientras se negaba a obedecer la estrategia del Departamento de Estado para Latinoamérica.

Lo saben hasta los chicos de la primaria: lo cortés no quita lo valiente.

Hoy, nuevamente deberemos tomar todas las precauciones y reaseguros, y ser sensatos y prudentes.  Nunca más una chiquilinada inútil como aquélla de “Que venga el principito”, o la otra de invitar a nuestro país al mandamás del Imperio, para que asista a una conferencia internacional con todo el protocolo y boato, y a sus espaldas organizarle un “escrache oficial” propio de los barrabrava futboleras o de las asambleas estudiantiles de antaño.

Se nos responderá que, aun si actuamos con prudencia y sobriedad en el planteo de una estrategia nacional de ese tipo, igual enfrentaremos la oposición, sino las iras del Imperio anglosajón-israelí-financiero.

Y bueno… habrá que soportarlo.

Pero hay que hacerlo, aunque nos traiga algunas o muchas dificultades, porque nadie puede alcanzar la grandeza nacional mientras obedece a un imperio, o sin una política internacional independiente de los grandes poderes.

De la misma manera que nadie puede hacer una tortilla sin romper algunos huevos.

A eso también lo saben hasta los chicos de la primaria, aunque parezcan ignorarlo los más sesudos becarios programados por Harvard, la CIA y el Mossad.